Resumen 2016

Siempre me ha gustado escribir. Escribo regularmente y escribo lo que me estalla en el pecho. Este año, además, escribía un resumen del mes al final de este. No voy a publicar todo lo que llevo escrito: es demasiado personal, es demasiado largo y os la trae floja. Sin embargo, creo que hay algunos trocitos que puedo compartir con vosotros. Al fin y al cabo, ser vulnerables es algo en lo que todavía estoy trabajando.

Here we go.



Enero.

Pero si tengo que sacar alguna lección de este mes es que me he dado cuenta de que mi pasión no tiene por qué darme siempre alegrías. Y hay veces que mi pasión no será suficiente para sacarme de la cama. Y que muchas veces mi pasión también me hará llorar. Porque me importa. Y tengo miedo de no estar a la altura, tengo miedo de fallar, de no poder, de tambalearme demasiado (y esta vez, resbalar, caer, chocar). Ahora entiendo un poco más a Bukowski.

Febrero.

Y me prometo mil veces de que los resultados siempre serán consecuencia de un trabajo bien hecho. De que esta es mi bandera, mi espada, y que las pienso llevar en cada batalla. “Cuida de tu gente, cuida de tu equipo, porque este siempre irá primero”.

Marzo.

Marzo ha llegado y ha sido como un tornado. Muchas de mis rutinas han volado por los aires y yo he llenado mis pulmones de viento fresco. Y todo huele a lluvia de primavera y todavía necesito acurrucarme con ese cardigan de lana porque el tiempo no está para tirantes.

No ha sido un mes fácil, pero me estoy acostumbrando a que ninguno de ellos lo sea. La sensación de agotamiento me satisface, en cierta manera, porque son las magulladuras de las batallas luchadas y, hey, sigo aquí, para todas las otras que me quedan.

Abril.

La sangre que me corre por las venas comenzó a galopar e interioricé la Vida. Ya podían florecer los almendros en Varna que la primavera se escondía entre mis pieles.

Llegaron mis 21 y todavía no los he asumido demasiado. No por temer el tiempo en mis rasgos, sino porque todavía no sé si la edad que leo en mi carnet es la misma que guarda mi alma.

Mayo.

Por primera vez, Madrid fue casa. Y Atocha me dio una bienvenida calurosa, como quien saluda a un viejo amigo. Pasé por delante del retiro (de nuevo) pensé en él (de nuevo) y lo dejé pasar. (...)

Mayo me volvió a permitir explicar mi historia, mi aventura China. Esta vez todos nos reímos un poco más y en cierta manera volví a revivir mis experiencias mientras veinte pares de ojos me escrutaban. Envidio su felicidad, que viene de “porque sí”, porque este verano un país les espera con los brazos abiertos y el año que viene alguno estará hablando en mi lugar.

Junio.

(...) De que en realidad lo mejor sería acabar en las calles de Gracia, porque Gracia jamás decepciona y cierra cualquier velada. Conservo las fotos panorámicas en las que Barcelona se convierte en una ciudad de muñecas.

Julio.

En una frase: es el mes en el que me he dado cuenta de que soy la persona que quería ser hace un año. (...)

Lo curioso: poco a poco me doy cuenta de quién soy realmente, qué es carcasa, qué es verídicamente Adri, qué me he creado y qué es con lo que realmente disfruto. Recuerdo a Fabio diciendo “me has gustado en esta conferencia. Te has dado cuenta de que no puedes tener dos facetas, porque te está haciendo daño”.

Agosto.

Así que la historia se remonta a la capital de ese vasto imperio romano, con 40 grados, una maleta demasiado llena de ropa para impresionar a gente que no toca y demasiadas esperanzas y expectativas que se vieron truncadas muy rápidamente. (...)

Encontré en Joanna/Asia una aliada y nos calmábamos mutuamente durante los cabreos y poníamos el hombro cuando la otra necesitaba un break del mundo. En definitiva, me quemé lo inquemable.

Septiembre. 

En la habitación 412, me recibieron con un vaso de vino y una sonrisa en la cara. Me enteraría más tarde que Simo le diría a Alba: “ya estaban liados seguro” y yo tendría que asegurarle que no, que pensaba que su brazo cerca de mi baja espalda me parecía fruto de la casualidad. (...)

Y me sentí afortunada. Afortunada por tener un trabajo que me llena, unos amigos que me quieren y una familia que me apoya. Por haber encontrado el equilibrio, por las emociones que ya no quería frenar, por mi coraje, por que joder, Adri, estoy orgullosa de ti.

Octubre.

Las risas en su boca, la copa de vino, los nervios de no estar acostumbrados al cuerpo del otro. (...) Despertarme con sus brazos en mi cintura. (...)

Octubre ha sido definitivamente uno de los mejores meses del año. He sentido. Inmensamente. He vivido lo que no está escrito. He llorado, he reído, me he enfadado y he querido. A veces creo que estoy viviendo la vida de otra persona y que cómo es posible ser tan feliz, que tanta felicidad nos quepa en el pecho. Que incluso me alegro haber pasado por un 2013 si ese me ha llevado a mi presente.

Noviembre.

Eso sí: me encuentro a mí misma intentando racionalizar los sentimientos, que no me arda todo tanto, que echar de menos está bien, pero que a la única persona a la que no puedo perder es a mí misma. Que mi libertad e independencia son sagradas, que todos los mantras que he repetido todos estos años sobre el amor son ciertos y necesarios. El amor es libertad, en una relación hay tres vidas y que el respeto prima por encima de cualquier cosa.


Diciembre.

La armonía de la Navidad nos sobrecoge en Lérida, donde la familia es prioridad, donde los canelones de carne son tradición, donde ser menos de cuatro en una habitación es algo fuera de lo común. Veo a los niños crecer, veo el ombligo de Marta un poco más salido porque el feto sigue creciendo, veo las manos arrugadas de mi abuela agarrarse a la cara interna de mi codo.



Con inmenso cariño y deseándoos un excelente 2017,
- A

Comentarios

Bea ha dicho que…
Ayer leí esta entrada, cerca de medianoche, y me dejó con el corazón encogido, de verdad. Primero porque no me acordaba de que escribías tan rematadamente bien, maldita, y eso que esto son palabras de ti para ti. Segundo porque se ve cómo vas cambiando y creciendo a lo largo de los meses, cómo en verano algo dentro de ti hace "clic" y cómo terminas el año tan feliz, tan, tan feliz... Que Dios, no he podido evitar sentir parte de esa felicidad y djlahsdjkah QUIERO ABRAZARTE OTRA VEZ.
Además, me han encantado tus reflexiones. Cuando has hablado de que "mi pasión no tiene por qué darme siempre alegrías. Y hay veces que mi pasión no será suficiente para sacarme de la cama. Y que muchas veces mi pasión también me hará llorar." (sí, tenía que citarlo todo porque omg ADRIANA) me he sentido TAN identificada, como si alguien pusiera en palabras lo que yo tenía miedo a reconocer, o lo que yo ni siquiera sabía que sentía hasta que lo he leído. Lo que necesitaba que alguien me dijera.
Y ese "joder Adri, estoy orgullosa de ti" me ha hecho sentir tremendamente orgullosa porque sé lo que es sentirse orgulloso de uno mismo y sé la sensación que te embarga y sé que no hay nadie que se lo merezca más que tú.
Por un año precioso y lleno de cosas buenas, Puc ����