So many stories.
All of these lines across my face
tell you the story of who I am.
The Story . B.
Bueno, son las 2:30 de la mañana y dudo que algo bueno pueda surgir a estas horas, pero de repente me han dado ganas de hablar de mis vacaciones. Así, tal cual.
Las de este año han sido inolvidables. Es más: no quiero borrarlas de mi mente.
Hoy, hablando por teléfono me han soltado de sopetón que me quedaban sólo dos semanas antes de volver a empezar clases. ¡Dos semanas! No es nada. Son las vacaciones que más largas he tenido (del 15 de junio al 5 de septiembre), pero sin embargo unas de las que se me han pasado más rápido.
Llevo una lista en mi móvil de momentos que me alegraron el corazón y en los que realmente borré cualquier problema de mi corazón. Y eso es con lo que me quiero quedar. Quiero tenerlo conmigo siempre durante este último curso de bachillerato, que sé que va a ser duro. Los que ya me conocéis sabréis que suelo ser algo nostálgica y ya me veo releyendo este post en navidades.
Me acordaré de las playas de Ibiza, las puestas de sol, el sabor a mar, el dálmata de mi amiga y su piscina, las horas muertas hasta las tantas de la madrugada viendo Anatomía de Grey.
Recordaré el viaje a Chicago, las callejuelas, el ambiente de película, el taxi acuático, la skyline nocturna, las risas de la librería, el taxista loco.
Juguetearé con mis recuerdos de Chapel Hill. Aquellas carreteras verdes, el chaparrón, la visita al hospital y el dibujo que le dejé en la pizarra al médico, la casa, la noche de baseball.
Y luego todo el viaje por la costa oeste. Washington, la ciudad diseñada para ser capital. Pittsburgh y la carcajada que pegué al ver que mi hermano estaba en el baño de chicas sacando unas monedas de una máquina de tampones, el partido de baseball infantil que presenciamos camino a Toledo, cuando me estiré sobre la hierba mirando la bandera americana hondear en el cielo.
El paseo en carruaje Amish, las vistas del hotel, que parecían sacadas de un film romántico.
El paseo por el lago Michigan, yo estirada sobre las dunas, entre matojos. Aquellas dos pizzas tan grandes que me comí y las barn swallows que pude fotografiar.
El último paseo en coche por Chicago.
Londres. Nuevo mes. Los juegos. Mis primos. Mis amigos que había dejado atrás. Las ardillas. La lluvia. Nostalgia.
Barcelona, de nuevo. La playa, Coppie y Moha y mi último JSIF.
Hay cosas que deberían permanecer intactas, pasen los meses que pasen.
Mañana quiero acabar el diario que comencé y dejé tirado cuando narraba lo de Londres. Me hará falta fotos y mucha memoria, pero creo que podré continuarlo.
Porque quiero grabarlo a fuego.
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