El Vínculo.

Para todos aquellos que 
no debieron correr esa suerte.

La esperanza es lo último que se pierde, dicen. Es lo único a lo que te agarras cuando estás el borde del precipicio. Es aquella rama milagrosa que frena tu impacto. La esperanza es el blanco de las tinieblas.
Para mí, ese optimismo es sinónimo de desesperación, la lucha de tu sentido común con tus lágrimas, atragantadas en tus ojos.
No puedo imaginar pensar qué hubiese pasado si ella hubiese decidido no subir a aquel barco. Si el crucero hubiese partido sin ella, dejando atrás sus sueños, pero conservando su vida. 
Tengo miedo de mí misma. Hablo como si ya no estuviera aquí. Sigo viendo su rostro en alguna parte de mi conciencia, sigo sintiendo su llama, ahí, en un rincón de mi mente; débil, pero vida. Podría llamarlo locura, pero prefiero nombrarlo ilusión.
Me torturo yo misma. Yo misma hago surgir finales diferentes, cada cuál más morboso que el otro, de aquellos que suelen ser un foco para periodistas y miel para el público.
<<Y ya son doce los cadáveres encontrados en el Concordia>>. Mi subconsciente juega sucio. Juega con mis temores y transgiversa mi utopía. No quiero ver su nombre cambiar de lista. 'Desaparecidos' antes que 'muertos'. Qué cínico debe ser el destino. Concordia. Paz. Armonía. Compañerismo. Fraternidad.
~
Su campo de oxígeno se reducía conforme pasaban los días. Sus horas de vida se le escapaban de las manos, como arena. Los minutos se alargaban, y cada segundo parecía ser a cámara lenta. Y ella estaba dentro de ese rodaje. El azar había tirado por ella las cartas, colocándola como heroína de una película que no quería protagonizar.
Esperar la muerte con tranquilidad era lo único que le quedaba.
Al principio, había demostrado su fuerza y valentía. Había luchado por una victoria más valiosa que el premio de cualquier guerra. Había hondeado el coraje por bandera, lucido en su pecho la medalla del arrojo y el temple como arma.
Pero no siempre ganan aquellos que más se lo merecen. De repente, tiró la toalla. Soltó la bandera, se quitó la medalla y el arma le cayó a sus pies. Y todo se vino abajo.
Sonrió con dulzura, recordando los tiempos de oro que tanto había aprovechado. Los ojos de una madre que la amaba con locura, los abrazos de un padre que jamás la había dejado sola, un hermano por el que todo lo daba. Sus amigos, su historial de risas, sus momentos de alegría incontrolable, sus mañanas de estío y las tardes de invierno. Recordó todos los caramelos que había saboreado, los terrones de azúcar que solía robar a su tía y el gato que se paseaba los domingos cerca de los lirios.
Y comprendió. Comprendió que debía seguir. Que cuando el cansancio se apodera de tus huesos y descansas, no es un final. Es una pausa. Y cada pausa tiene su continuación.
Si la muerte venía, la encontraría intentando remediar su suerte.
Se dirigió hacia la puerta del camarote, ubicada justo encima de ella. Cuando volcó el barco, la había tomado completamente desprevenida. La luz se fue, dejando paso a un horrible frío. Pero ella ya no podía permitirse sentirlo. 
Boom.
Otra grieta. La ventana se despedazaba lentamente por la presión del agua. Notó cómo el líquido le arrebataba unos centímetros más.
Ella seguía dando golpes a la puerta, rezando a que la oyeran. A pesar de no haber comido desde hacía muchas horas, sentía lo que sería posiblemente su último brote de adrenalina recorriendo sus venas.
Boom.
Siguió golpeando la puerta, con desesperación, mas esta no se movía ni un ápice.
Boom.
Cincuenta centímetros.
Lo entendió y, tristemente, lo aceptó.
Ya había meditado aquello con antelación, pero lo guardaba como último recurso.
Con pulso trémulo, agarró entre sus dedos un permanente que guardaba en el bolsillo, más negro que cualquier profundo océano.
~
Trece. 

Me contaron que cuando sacaron el de ella, su cuerpo dejó al descubierto su mensaje póstumo.
Luché hasta el final, lo prometo.
Toda vuestra. 
Siempre.

En aquella nota había dejado grabados sus últimos alientos vitales.

En algún escondrijo de mí, sigo sintiendo algo tan profundo que no puede ser expresado con palabras. Es ella, su esencia.
Me dijeron que había ido a parar a algún lugar mejor.
Decidí creerlo.


Escribimos porque tenemos una historia que contar. Yo sentía que ésta debía ser narrada.
La única desgracia que no tiene arreglo es la muerte. Vivid y sonreíd mucho por aquellos que ya no pueden hacerlo.

Comentarios

Gwaith ha dicho que…
PUC. ESCRIBES GENIAL. LEE LO QUE ACABAS DE COLGAR. ¿Lo has visto y todavía tienes las narices de decir que escribes mal?
En serio. Deberías ponerte gafas, lady e_______é.
Soy tu fan número 1. Y nadie me quita el puesto òwó.

La historia es wtf. Y el mensaje final, más todavía. ERES GENIAL.